Hay una Ibiza que casi nadie ve. Es la de noviembre a abril, cuando se van los aviones, las calas se quedan vacías y la isla vuelve a ser un sitio donde vivir en lugar de un sitio donde salir.
Si solo la conoces en agosto, no la conoces.
Cómo es la isla en invierno
Las temperaturas se mueven en torno a los 15-18 grados durante el día. No es tiempo de playa, pero sí de caminar, de comer fuera al mediodía y de estar en la calle sin sudar.
Cambian tres cosas de golpe: no hay colas en ningún sitio, los alojamientos y el alquiler de coche bajan de precio, y puedes entrar a comer en sitios que en verano hay que reservar con días. También cierran bastantes negocios, así que conviene comprobar antes de desplazarte.
Los mercadillos siguen abiertos
Esta es la mejor noticia del invierno ibicenco: los mercadillos no paran.
Las Dalias, en Sant Carles, se monta todos los sábados del año. De noviembre a marzo abre de 10 a 18 h, y el resto del año alarga hasta las 20 h. En temporada baja el aparcamiento de al lado no se cobra. En diciembre se pone en versión navideña, con vino caliente y música en directo.
El mercadillo de Sant Joan, los domingos. Es más pequeño que Las Dalias y está en mitad del pueblo, con mucha más gente local. Se anima a partir del mediodía y suele haber música en vivo.
El rastrillo de Sant Jordi, los sábados. Segunda mano, gangas de verdad y ambiente de barrio. Este lo tenemos al lado de casa y es de nuestros favoritos: te puedes pasar la mañana entera y volver con cosas que no esperabas.
El Mercat Vell, en Ibiza ciudad, para producto local durante todo el año.
Caminar por la isla
El invierno es la temporada de senderismo en Ibiza, y muchos ayuntamientos y grupos organizan rutas guiadas gratuitas.
Por libre también funciona. Hay caminos señalizados que llevan a torres de defensa, faros, humedales, bosques de pino y sabina, y tramos de costa que en verano ni te planteas por el calor.
Dos zonas que recomendamos:
El Parque Natural de Ses Salines. En invierno es otro sitio. Los estanques se llenan de aves migratorias y se convierte en uno de los mejores puntos de las Baleares para observarlas. Los flamencos suelen dejarse ver de febrero a mayo. Lo tenemos a un paso y lo pisamos todo el año: aquí va la guía de qué ver en el parque.
Sa Talaia y el interior. Los caminos de campo entre Santa Gertrudis, Sant Mateu y Sant Agnès, con vistas que en agosto están escondidas detrás del polvo y el calor.
Los almendros en flor
Si tienes que elegir una sola razón para venir en invierno, es esta.
Entre finales de enero y febrero florecen los almendros, y el interior de la isla se pone blanco y rosa. El Pla de Corona, en Santa Agnès, es el sitio clásico: un llano entero de almendros en flor rodeado de montaña. Dura pocas semanas y cambia según el año, así que hay que estar atento.
Calas para ti solo
Cala Salada, Cala Conta, Cala d’Hort, Benirrás. En invierno puedes aparcar delante y no cruzarte con nadie.
No vas a bañarte, pero pasear por una playa vacía con el mar de fondo es de las cosas que mejor sientan de toda la isla. Y las puestas de sol de invierno, con el aire más limpio, son mejores que las de verano.
Planes para un día de lluvia
Llueve poco, pero llueve. Ten a mano el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza y el Museo Arqueológico, y un paseo por Dalt Vila, que con las calles vacías es una experiencia completamente distinta.
Y las fiestas patronales, que son de las cosas más auténticas que pasan aquí: Sant Antoni en enero, Santa Agnès en febrero. Ahí ves la isla real.
Dónde comer fuera de temporada
Aquí está el truco: en invierno hay que informarse antes, porque muchos sitios cierran de noviembre a abril o reducen días.
En la zona sur, nosotros abrimos todos los días de 9 a 20 h, también en temporada baja. Estamos en Sant Jordi de ses Salines, con parking propio, así que funcionamos bien tanto para desayunar antes de una ruta como para parar a comer a la vuelta.
Y sí, seguimos con la carta completa: desayunos, bowls, zumos y el Sweet Corner. Comer bien no es cosa solo del verano.
