El brunch es de esas palabras que todo el mundo usa y poca gente define igual. En Ibiza se ha convertido en un clásico de fin de semana, sobre todo entre quienes se levantan tarde y no quieren elegir entre desayunar y comer.
Aquí te contamos qué es exactamente, a qué hora funciona en la isla y cómo montarte uno que merezca la pena.
Qué es un brunch, en serio
Brunch viene de juntar *breakfast* y *lunch*. Y ahí está todo: una comida que sustituye a las dos.
No es un desayuno grande ni una comida temprana. Tiene tres características propias:
Se alarga. Un desayuno son veinte minutos. Un brunch son dos horas.
Mezcla dulce y salado. En la misma mesa hay huevos, tostadas, fruta, algo de bollería y café. Esa combinación es lo que lo define.
Se comparte. Se pide para el centro y cada uno va picando. Por eso funciona tan bien en grupo.
A qué hora se toma en Ibiza
La franja habitual va de once y media a dos y media, con el grueso entre las doce y la una.
En verano, la isla se despierta tarde y muchos sitios de brunch no abren antes de las once. En invierno se adelanta todo un poco y hay más ambiente local.
El día por excelencia es el domingo, seguido del sábado. Si vas en temporada alta y sois más de cuatro, llama antes: los sitios buenos se llenan.
Un aviso práctico: si tienes plan de playa por la tarde, el brunch te va a cundir poco. Comes tarde, comes bastante y acabas bajando a la arena a las cuatro con la mejor luz ya empezando a irse. Para eso, mejor un desayuno en condiciones y comer más tarde.
Cómo montar un brunch equilibrado
El error clásico es que el brunch acabe siendo una montaña de hidratos. Bollería, tostada, zumo, tortitas. Todo dulce, todo rápido, y a las cuatro de la tarde no puedes con tu alma.
La regla es sencilla: elige una proteína, un vegetal y un hidrato, y a partir de ahí compón.
La proteína es lo que más se olvida y lo que más te va a sostener: huevos, yogur griego, hummus, salmón, tofu, frutos secos.
El vegetal aporta fibra y hace que el conjunto no se te haga pesado: aguacate, tomate, espinacas, fruta fresca.
El hidrato que sea de calidad: pan de masa madre, avena, granola sin exceso de azúcar.
Y las grasas buenas, que en un brunch entran solas: aguacate, aceite de oliva, semillas.
Si lo montas así, te levantas de la mesa satisfecho, no reventado. Es la diferencia entre un brunch que te arregla el domingo y uno que te lo estropea.
Brunch para compartir
Aquí es donde el formato brilla. Un brunch de cuatro personas funciona mucho mejor si pedís tres o cuatro cosas para el centro y no un plato individual cada uno.
Una combinación que casi nunca falla: algo de huevo, una tostada salada, un bowl con fruta y yogur, algo para picar en común, y café y zumos naturales para todos.
En nuestra carta tenéis la sección Para compartir pensada justo para esto, y los zumos se exprimen al momento.
Brunch con niños
El brunch es, curiosamente, el formato que mejor funciona con niños. Y por dos razones.
La primera es el horario: a las doce del mediodía los niños tienen hambre de verdad, cosa que a las dos y media ya no siempre pasa.
La segunda es que al pedir para el centro cada uno coge lo que quiere. Se acaba el drama de que uno no quiere salsa y otro no quiere verdura.
Si viajáis en familia, tenemos más ideas en la guía de Ibiza con niños.
Dónde tomarlo
En Ibiza ciudad y en Marina Botafoch tienes la mayor concentración de sitios de brunch, muchos con carta saludable y terraza. Son la opción si buscas ambiente y vistas.
En el sur, en la carretera de Ses Salines, la propuesta es distinta: menos postureo y más comodidad. Nosotros abrimos todos los días de 9 a 20 h, sin cortar a mediodía, así que puedes llegar a las doce y media sin mirar el reloj. Tenemos parking propio y estás a cinco minutos del Parque Natural.
Y si el brunch se alarga, siempre queda el Sweet Corner para cerrarlo con un helado artesanal.
